Lo que no se debe hacer
O sí si se quiere, pero ateniéndonos a las consecuencias: infiltrar un gran espía en la mayor civilización de las rivales.
¿Por qué?
Personalmente pienso que los Grandes Espías son los peores Grandes Personajes del Civilization IV – Beyon the Sword. Mi modo de jugar hace un uso escaso y pésimo del espionaje en general, y aunque supongo que edificar una agencia de inteligencia erigir una “Scotland Yard” consumiendo el personaje puede ser positivo contra el espionaje de otras civilizaciones, lo cierto es que sigo prefiriendo cualesquiera otros personajes magnos.
Sin embargo, esta figura del Civ tiene una opción, que es infiltrarse en una ciudad enemiga, con lo cual todo el territorio de la ciudad y la producción quedan a tu vista. El problema si lo haces en la capital rival, es éste:

Chaka infiltrado
De rojo, Japón, yo. De amarillo, Chaka de las Zulúes, que ganó la partida por la vía diplomática sólo porque ocurrió antes, pues habría conseguido cualquiera de las victorias. Los cuadraditos más brillantes son territorio, ciudades y unidades trajinando por ellos que yo podía ver en cada turno pues tuve la “feliz” idea de infiltrar a un gran espía. Como consecuencia, un montón de información inútil y turnos que tardaban literalmente minutos enteros en pasar…
Así que ya sabeis, mejor ojos que no ven, que cien coraceros volando
[OFF TOPIC] makgregory.es
Una entrada fuera de la temática del blog: hace unos días creé finalmente la página con mi dominio adquirido hace ya casi un año, que podeis inspeccionar en http://makgregory.es.
Se trata de la típica página personal, no muy 2.0 que se diga, salvo en la forma que tiene de recoger su contenido, pues sí se puede decir que de algún modo es un sitio dinámico, ya que se alimenta de mi actividad diaria en la red, como reza su título, ya que recoge mediante unas cuantas Pipes de Yahoo! los posts de mis blogs, mis apariciones por mis redes sociales favoritas (salvo Facebook), y también mis colaboraciones más habituales en blogs de otros.
Espero poder ir añadiendo más cosas (y quizás insertar una RSS para que quien esté interesado lo pueda seguir), como encuestas y mi blogoroll (blogs favoritos), y hacerlo más accesible (es lo malo del javascript, el Flash y todas esas maravillosas formas de insertar dinámicamente contenidos que “viven” realmente en otras partes de la blgoosfera.
Como toda página personal que se precie tiene libro de visitas y estadísticas, que hago públicas. Me haría mucha ilusión contar con tu opinión, ¿vienes?
Victoria diplomática
Después de unas cuantas partidas abortadas al poco de recibir cariñosas declaraciones… de guerra… por apuestos enemigos armados hasta las puntas de las crines de los caballos y en posiciones históricas que, seremos eufemísticos, distaban de ser siquiera malas, de lo peores que eran, decidí comenzar partidas con menos contendientes (se puede hacer fácilmente eligiendo “Personalizar partida” en la segunda pantalla del juego).
Así pues, comencé una en un megacontinente, con clima y relieve al azar, litoral “Natural” (mucho más interesante que los demás, por las bahías alargadas que suele provocar), y con dos rivales más, nivel bajo (“Caudillo”) y todo lo demás al azar.
De modo que resulté ser George Washinton enfrentado a César Augusto y Boadicea. Y muy inopinadamente, gané con la victoria que da título a este post. Como la siguiente, con otros protagonistas, me la llevé de la misma manera, he sacado una serie de conclusiones, válidas para este tipo de partidas únicamente, y perfectamente exponibles a pruebas que las contradigan y por tanto las mejoren.

Construir el Palacio Apostólico es importante, pero se convierte en esencial si además eres la civilización más poblada, y fundas una religión que sólo tímidamente haya entrado en las demás. Por un lado, evitas que religiones más asentadas tomen esa pizca de poder político, y por otra, con esas tres condiciones te conviertes en “líder mundial”, y eres capaz de parar o desencadenar guerras con los votos solos que tu población te da en el Palacio Apostólico. Con sólo dos contendientes, además, es fácil que uno se ponga de tu parte, con lo que ganas seguridad. Sin embargo, las dos victorias diplomáticas que he consguido ocurrieron cuando menos me lo esperaba, cuando iba segundo en posición y era adelantado incluso por los otros dos en abundantes apartados del juego.
Por cierto, jugar con tan pocos rivales es el secreto para no llegar a las edades próximas a la nuestra: pocas civilizaciones o períodos largos de tiempo aislado hacen que tu desarrollo -y eventualmente el del “mundo”- sea mucho más lento que el real.
Como regalo, el Civ decidió que mi nivel de liderazgo rivalizaba con el del mismísimo Winston Churchill. No sabeis qué alegría, recordando aquellas eternas partidas de Civ III en que tras ganar, mi nivel de liderazgo se comparaba al de Dan Quayle…

Stonehenge, la primera Gran Maravilla
En los peligrosos turnos de la más lejana Antigüedad, durante las primeras partidas desarrolladas en este supremo juego que es Civilization -no importa cuál sea la versión, es supremo y se acabó
-, en las que leones, osos o lobos pueden destruirte las primeras unidades que te atreves a sacar de los límites de la capital, y cuando aún no sabes que sólo construyendo la Gran Muralla lograrás deshacerte de una vez de los molestos bárbaros en el continente de tu capital, la tentación de construir Stonehenge es poderosa, y más aún si dispones de piedra y la consecuente cantera, porque entonces los turnos no parecen tantos (son la mitad, de hecho).

Stonehenge
Pero a medida que aumenta tu conocimiento del juego sabes que no es la mejor maravilla que intentar: sus principales efectos son volver obsoletos los obeliscos y hacerte dar cuenta de la mminiatura que eres a poco que hayas elegido el mayor escenario del juego. Sin embargo, ahí está, y en los niveles fáciles no es complicado hacerte con ella, y las demás más importantes, antes que los demás.
En la vida real, Stonehenge es un complejo megalítico británico de orígenes e intención oscuros (es decir, ignorados, no “oscuros” de malignos), lo que ha dado lugar a leyendas, pero también a interesantes estudios, como el que dio origen a la explicación astronómica. Más, en la Wikipedia.



