La importancia del ejército
Si os digo la verdad, rara vez he ganado -y tampoco es que gane muchas veces- una partida por un concepto diferente que el de puntuación. Por ello “peto” e inflo todo lo que puedo cada ciudad que crean mis civilizaciones (¿quizás precisamente por esto último no consig más y diferentes victorias?…). Está claro que población, superficie y número de soldados son los factores clave. Ahora ando embarcado en quizás la primera partida en nivel de “Noble” en que me estoy desenvolviendo bien (lagos, enorme, épica), y al menos en la versión anterior del Civ IV (Warlords, he cambiado de portátil y por diversas circunstancias que no vienen a cuento no cuento conmigo con todos los DVDs), me encuentro que el factor ejército cuenta con una importancia desmedida:
Una de estrategia: ¿qué hacer si justo al comienzo descubres a un rival?
Llevo otra vez una excesiva cantidad de semanas sin escribir aquí, debido a un cúmulo de pequeñas fatalidades y al trabajo, que quita tiempo para todas las cosas buenas de la vida, como el Civ.
Pero de nuevo he iniciado y terminado (segundo) una partida, así que traigo a mi hipotética o paracaidista audiencia una cuestión estratégica.
Supongamos que en los primeros turnos de la partida descubres que la capital de una civilización real está cerca de la tuya. Cerca, a unas cuantas casillas, o sea, casi “pegando”.
Al menos en el bajo nivel en el que juego siempre (ahora “Caudillo”), sé por propia experiencia que atacar con tu “guerrero Conan” es un suicidio manifiesto, con lo cual se abren dos caminos posibles: pertrecharse de arqueros (a ser posible después de construir el cuartel, para que al menos tengan una medallita) suficientes, lo cual puede empeñarte por los restos (descuidas las otras facetas del crecimiento en aras de una derrota de la otra civilización no demasiado probable), o convivir en una paz relativa y buscar el crecimiento vegetativo como mejor arma, pues si dispones de alguna superioridad numérica, aunque sea en gente, igual tienes más probabilidades de conquistarlos un poco más adelante.
¿Os puedo preguntar cuál de los dos caminos soleis escoger? El premio del segundo es el crecimiento rápido desde el comienzo, pero el del primero es ese crecimiento más la eliminación de un rival y más unas cuantas unidades militares que habrán promocionado…
Lo que no se debe hacer
O sí si se quiere, pero ateniéndonos a las consecuencias: infiltrar un gran espía en la mayor civilización de las rivales.
¿Por qué?
Personalmente pienso que los Grandes Espías son los peores Grandes Personajes del Civilization IV – Beyon the Sword. Mi modo de jugar hace un uso escaso y pésimo del espionaje en general, y aunque supongo que edificar una agencia de inteligencia erigir una “Scotland Yard” consumiendo el personaje puede ser positivo contra el espionaje de otras civilizaciones, lo cierto es que sigo prefiriendo cualesquiera otros personajes magnos.
Sin embargo, esta figura del Civ tiene una opción, que es infiltrarse en una ciudad enemiga, con lo cual todo el territorio de la ciudad y la producción quedan a tu vista. El problema si lo haces en la capital rival, es éste:

Chaka infiltrado
De rojo, Japón, yo. De amarillo, Chaka de las Zulúes, que ganó la partida por la vía diplomática sólo porque ocurrió antes, pues habría conseguido cualquiera de las victorias. Los cuadraditos más brillantes son territorio, ciudades y unidades trajinando por ellos que yo podía ver en cada turno pues tuve la “feliz” idea de infiltrar a un gran espía. Como consecuencia, un montón de información inútil y turnos que tardaban literalmente minutos enteros en pasar…
Así que ya sabeis, mejor ojos que no ven, que cien coraceros volando
Victoria diplomática
Después de unas cuantas partidas abortadas al poco de recibir cariñosas declaraciones… de guerra… por apuestos enemigos armados hasta las puntas de las crines de los caballos y en posiciones históricas que, seremos eufemísticos, distaban de ser siquiera malas, de lo peores que eran, decidí comenzar partidas con menos contendientes (se puede hacer fácilmente eligiendo “Personalizar partida” en la segunda pantalla del juego).
Así pues, comencé una en un megacontinente, con clima y relieve al azar, litoral “Natural” (mucho más interesante que los demás, por las bahías alargadas que suele provocar), y con dos rivales más, nivel bajo (“Caudillo”) y todo lo demás al azar.
De modo que resulté ser George Washinton enfrentado a César Augusto y Boadicea. Y muy inopinadamente, gané con la victoria que da título a este post. Como la siguiente, con otros protagonistas, me la llevé de la misma manera, he sacado una serie de conclusiones, válidas para este tipo de partidas únicamente, y perfectamente exponibles a pruebas que las contradigan y por tanto las mejoren.

Construir el Palacio Apostólico es importante, pero se convierte en esencial si además eres la civilización más poblada, y fundas una religión que sólo tímidamente haya entrado en las demás. Por un lado, evitas que religiones más asentadas tomen esa pizca de poder político, y por otra, con esas tres condiciones te conviertes en “líder mundial”, y eres capaz de parar o desencadenar guerras con los votos solos que tu población te da en el Palacio Apostólico. Con sólo dos contendientes, además, es fácil que uno se ponga de tu parte, con lo que ganas seguridad. Sin embargo, las dos victorias diplomáticas que he consguido ocurrieron cuando menos me lo esperaba, cuando iba segundo en posición y era adelantado incluso por los otros dos en abundantes apartados del juego.
Por cierto, jugar con tan pocos rivales es el secreto para no llegar a las edades próximas a la nuestra: pocas civilizaciones o períodos largos de tiempo aislado hacen que tu desarrollo -y eventualmente el del “mundo”- sea mucho más lento que el real.
Como regalo, el Civ decidió que mi nivel de liderazgo rivalizaba con el del mismísimo Winston Churchill. No sabeis qué alegría, recordando aquellas eternas partidas de Civ III en que tras ganar, mi nivel de liderazgo se comparaba al de Dan Quayle…

Stonehenge, la primera Gran Maravilla
En los peligrosos turnos de la más lejana Antigüedad, durante las primeras partidas desarrolladas en este supremo juego que es Civilization -no importa cuál sea la versión, es supremo y se acabó
-, en las que leones, osos o lobos pueden destruirte las primeras unidades que te atreves a sacar de los límites de la capital, y cuando aún no sabes que sólo construyendo la Gran Muralla lograrás deshacerte de una vez de los molestos bárbaros en el continente de tu capital, la tentación de construir Stonehenge es poderosa, y más aún si dispones de piedra y la consecuente cantera, porque entonces los turnos no parecen tantos (son la mitad, de hecho).

Stonehenge
Pero a medida que aumenta tu conocimiento del juego sabes que no es la mejor maravilla que intentar: sus principales efectos son volver obsoletos los obeliscos y hacerte dar cuenta de la mminiatura que eres a poco que hayas elegido el mayor escenario del juego. Sin embargo, ahí está, y en los niveles fáciles no es complicado hacerte con ella, y las demás más importantes, antes que los demás.
En la vida real, Stonehenge es un complejo megalítico británico de orígenes e intención oscuros (es decir, ignorados, no “oscuros” de malignos), lo que ha dado lugar a leyendas, pero también a interesantes estudios, como el que dio origen a la explicación astronómica. Más, en la Wikipedia.
Maravilla del mundo: “Santa Sofía”
Hoy os traigo una de las maravillas del mundo dentro del Civilization IV; “Santa Sofía”, a la que no catalogan ni de iglesia ni de mezquita, aunque los turcos que la conquistaron a los bizantinos en Constantinopla, hoy Estambul, es prácticamente lo único del Imperio Bizantino que han mantenido en pie, hecha mezquita, eso sí.
Como siempre, la Wikipedia os da más información. Es curioso que después de que Mehmed II la hiciese mezquita, pasó a ser modelo para la construcción de mezquitas en Estambul y otras localidades. Como ejemplifica la mezquita de Suleimán I, un siglo posterior.
En el juego, construirla aporta que los trabajadores construyan mejoras un 50 % más rápido y que aumente el ritmo de “producción” de grandes ingenieros (algo siempre de agradecer por los que gustamos de las victorias culturales, o las intentamos al menos
).
Y por si no os basta la imagen que nos dan en el Civ…
… también os dejo con bellísimas footgrafías dejadas en Flickr. Un lugar lindísimo para visitar, parece.
Llegó la revolución
¡Nos han citado! (Y yo con estos pelos).
Un autor de Soitu ha tenido la gentileza de citar esta humilde bitácora al firmar un excelente artículo sobre la nueva maravilla de Sid Meier. Leedle, leedle. (Muchas gracias a Indarki por el aviso).
Allí, en un análisis que sólo me hace plantearme por qué no tengo aún la Nintendo DS (porque la Xbox está descartada), veo además también este trailer de aquella nueva maravilla, o mejor, nuevo juego, del mejor creador de videojuegos de la Historia: Civilization Revolution:
El final de la Historia
Bueno, pues… ¡por fin terminé la partida! Victoria por carrera espacial que sumó un buen puñado de puntos. Lástima que no hayan cambiado la animación que sale, creo que sigue siendo la misma…
Una de las pantallas de la victoria (echo de menos aquélla del Civ III en la que todos los líderes se mofaban de ti si perdías), es la que te dice “tu lugar en la Historia”, en función de tu liderazgo, y aunque no tengo ni idea de cómo se computa eso, me alegré cuando por fin dejé de tener la capacidad de liderazgo de Dan Quayle:

Lugar en la Historia
Aunque no sé si alegrarme de tener algo en común con un presidente de EE.UU.,…
Por cierto, finalmente fueron algo más de 59 horas de partida.
Lo peor del Civ
El tieeeempooo que puedes tardar en terminar una partida:

Más de 50 h. de partida
¡Y aún me quedan 24 turnos hasta que la nave llegue a Alfa Centauri! ¿Qué hago? ¿Le declaro la guerra a Carlomagno, que me lleva unos punticos de ventaja? Aunque entonces seguro que llego a las 100 horas de juego…








